Los Juegos Olímpicos de París pusieron de relieve no sólo los logros deportivos, sino también un marcado desequilibrio en la cobertura mediática. La veterana estrella del baloncesto Diana Taurasi confrontó directamente a los periodistas, señalando el doble rasero según el cual décadas de experiencia se enmarcan como debilidades para las atletas, mientras que se celebra una longevidad similar en sus homólogos masculinos.
El doble rasero en la cobertura deportiva
La frustración de Taurasi surgió de repetidas preguntas sobre su posible retiro, destacando cómo las mujeres en los deportes a menudo son empujadas hacia la obsolescencia, mientras que a los atletas masculinos se les permite competir indefinidamente. Su respuesta (que cuestionar la continuidad de la carrera de un veterano es inherentemente irrespetuoso) resonó en las conferencias de prensa abrumadoramente dominadas por hombres.
La reportera, que cubría sus primeros Juegos Olímpicos, observó de primera mano que los espacios de los medios estaban ocupados en gran medida por hombres mayores, un detalle que subraya las disparidades sistémicas de género en el periodismo deportivo. No se trata simplemente de números; se trata de cómo se trata a las atletas en comparación con sus pares masculinos.
El auge de los deportes femeninos y la necesidad de una cobertura respetuosa
El récord de audiencia y el aumento de los ingresos en los deportes femeninos son tendencias positivas, pero no tienen sentido si las atletas no se sienten seguras y respetadas. Los Juegos Olímpicos, donde las atletas a menudo enfrentan un intenso escrutinio y expectativas injustas, son un excelente ejemplo de este desequilibrio.
La experiencia del periodista en París sirvió como una llamada de atención: una mejor narración requiere un periodismo más audaz. Los mejores deportistas merecen recibir el mismo respeto y reconocimiento que se les brinda a sus homólogos masculinos.
El legado de Taurasi continúa
En el último día de los Juegos de París, Diana Taurasi ganó su sexta medalla de oro, consolidando su posición como la jugadora de baloncesto más condecorada en la historia olímpica. Su victoria sirve como un poderoso recordatorio de que las atletas pueden alcanzar la cima de su deporte sin dejar de enfrentar prejuicios sistémicos en los medios.
Los Juegos Olímpicos de París subrayaron que apoyar los deportes femeninos significa no sólo celebrar sus victorias, sino también desmantelar las estructuras obsoletas que socavan sus carreras y legados.


























