De la resistencia a la fuerza: cómo el cambio de enfoque generó disciplina y confianza

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Para muchos, el fitness comienza con la resistencia: correr, practicar deportes en equipo y moverse constantemente. Pero un cambio deliberado hacia el entrenamiento de fuerza puede generar beneficios inesperados más allá de las ganancias físicas. El viaje de un individuo ilustra cómo aliviar el ejercicio cardiovascular, abrazar la resistencia y desarrollar la disciplina puede remodelar fundamentalmente no solo su cuerpo sino también su forma de afrontar la vida.

La transición del deporte al gimnasio

La infancia estuvo llena de deportes de equipo y la adolescencia vio una progresión natural hacia actividades basadas en la resistencia como el lacrosse. Inicialmente, el gimnasio fue una idea de último momento, algo que se podía hacer sólo cuando se me pedía. La universidad trajo entrenamiento de fuerza obligatorio, pero fue el tiempo de inactividad forzado de la pandemia de 2020 lo que realmente inició un nuevo camino.

Con los gimnasios cerrados, la necesidad impulsó la innovación. Una bolsa de arroz de 25 libras transformada en un peso improvisado, utilizado para sentadillas, columpios y estocadas. Esto despertó un interés en el entrenamiento de fuerza estructurado y, después de graduarse, el enfoque pasó del acondicionamiento específico del deporte al desarrollo muscular deliberado.

La disciplina de la coherencia

Los primeros días fueron de prueba y error: seguir a personas influyentes en el fitness, investigar la forma adecuada y buscar orientación de ex entrenadores. La conclusión clave llegó rápidamente: el esfuerzo excesivo era contraproducente. Un enfoque equilibrado, que combina movimientos compuestos (sentadillas, peso muerto) con ejercicios accesorios (flexiones, estocadas), resultó mucho más eficaz.

La transformación no fue sólo física; La disciplina se filtró en otras áreas de la vida. La capacidad de seguir una rutina, incluso cuando la motivación menguaba, se convirtió en un activo poderoso. El entrenamiento de fuerza no se trataba sólo de levantar pesas; se trataba de desarrollar fortaleza mental.

Tres pilares de la transformación

El proceso se basó en tres principios básicos:

  1. Priorizar las proteínas y la nutrición: El crecimiento muscular requiere combustible. Superar la vacilación inicial a la hora de comer adecuadamente fue fundamental. El cuerpo necesita suficientes proteínas y descanso para prosperar.
  2. Abrazar la disciplina por encima de la motivación: La motivación es fugaz. La disciplina, cultivada mediante un esfuerzo constante, es el motor que impulsa el progreso a largo plazo. Incluso en los días en que no hay ganas de hacer ejercicio, el hábito persiste.
  3. Reconocer los beneficios para la salud mental: El ejercicio no es sólo físico; es terapéutico. El acto de moverse, incluso sin marcar récords personales, mejora el bienestar mental. El entrenamiento de fuerza fomenta la confianza y la creencia en la propia capacidad para superar los desafíos.

Una rutina sostenible

Hoy en día, el individuo sigue una división de entrenamiento de fuerza de cuatro días, con un día dedicado a cardio:

  • Lunes: Isquiotibiales y Glúteos
  • Martes: Pecho, Hombros, Tríceps
  • Miércoles: Cardio
  • Jueves: Quads, tren inferior
  • Viernes: Espalda y Bíceps

Los entrenamientos se estructuran en torno a un levantamiento principal (sentadilla, press de banca, peso muerto) complementado con 4 o 5 ejercicios accesorios. El objetivo es la simplicidad, la variedad y la sostenibilidad.

Superando barreras mentales

El progreso no es lineal. Las lesiones pasadas, como la rotura de una bolsa por la caída de una barra, crearon bloqueos mentales. Enfrentar el miedo y superar esos desafíos (finalmente colgar 100 libras de limpieza después de años de vacilación) fueron hitos fundamentales.

En conclusión, pasar de un entrenamiento centrado en la resistencia a un programa de fuerza deliberado fomenta la disciplina, genera confianza y desbloquea la resiliencia mental. El viaje no se trata de perseguir la perfección, sino de adoptar la constancia, priorizar la nutrición y reconocer el poder transformador del movimiento.