La vulnerabilidad de Mikaela Shiffrin impulsó una temporada récord

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Mikaela Shiffrin, de 31 años, sigue redefiniendo el dominio del esquí alpino. La esquiadora más condecorada de la historia, con cuatro oros olímpicos, 18 Globos de Cristal y seis títulos de la Copa del Mundo, recientemente concluyó la temporada 2025-2026 con un récord de nueve victorias en slalom en diez carreras. Esto se suma a las ya asombrosas estadísticas de su carrera de 110 victorias en la Copa del Mundo y 168 participaciones en la Copa del Mundo.

Pero mantener ese éxito conlleva una presión intensa, y Shiffrin revela que aceptar la vulnerabilidad fue clave para superarla. A pesar de su experiencia (éstos eran sus terceros Juegos Olímpicos), descubrió que las expectativas externas todavía pesaban mucho sobre ella. “Nunca puedes prepararte realmente para el tipo de narrativas externas que se comparten a tu alrededor”, dijo a Women’s Health.

La carga de la grandeza: Shiffrin reconoce que estar en la cima significa cargar con el peso no solo de sus propias ambiciones sino también de las esperanzas de los fanáticos, quienes quizás solo la vean competir una vez cada cuatro años. Esta presión la llevó a momentos de dudas, como cuando se preguntó cómo compartir su historia de manera auténtica sin dejarse consumir por el ruido exterior.

Para abordar esto, tomó un riesgo calculado: integrar a un psicólogo en su equipo central junto con los entrenadores y el personal. “Mi esperanza era que nos ayudara a estar realmente alineados y realmente unificados”, explicó Shiffrin. La medida resultó exitosa, fomentando un sentido de cohesión que le permitió compartimentar y rendir al máximo.

Abrirse a la unidad: Shiffrin admite que ser vulnerable con su equipo fue inicialmente aterrador. “¿Mis entrenadores realmente quieren escuchar el funcionamiento interno de mi corazón?” se preguntó. Sin embargo, la transparencia finalmente creó vínculos más fuertes y le permitió afrontar los desafíos de manera más efectiva. Descubrió que compartir su estado mental, especialmente durante los reveses, era crucial para sentirse conectada y apoyada.

Shiffrin también enfatiza el ambiente de apoyo dentro del deporte mismo. “En las carreras de esquí, realmente es como una familia”, dice, destacando la camaradería positiva entre los competidores. Este sentido de unidad la ayuda a filtrar las presiones externas y concentrarse en el desempeño.

Rituales inesperados: Además del entrenamiento mental, Shiffrin emplea hábitos poco convencionales antes de la carrera. Ha adoptado la práctica de comer una o dos gomitas agrias antes de las carreras, basándose en un consejo de su fisioterapeuta de que los sabores ácidos pueden alterar los ciclos de ansiedad.

El alivio de finalizar: La mayor recompensa para Shiffrin sigue siendo cruzar la línea de meta. Después de sufrir lesiones en el pasado, incluida una herida punzante en el abdomen durante un accidente en noviembre de 2024, ahora considera que completar una carrera es una victoria en sí misma. “Cada vez que cruzo la línea de meta es como, ‘¡Guau! Lo logramos. Estamos aquí. Todo mi ser está aquí'”, dice.

El éxito de Shiffrin no se trata únicamente de destreza física; se trata de la voluntad de enfrentar luchas internas y forjar conexiones más profundas con su equipo y sus competidores, haciendo de la vulnerabilidad una ventaja estratégica.