Abigail Adams: La arquitecta oculta detrás del legado de su marido

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A menudo pensamos en John Adams como el estoico fundador, el diplomático, el presidente. Pero si nos adentramos en la realidad de la vida estadounidense temprana, emerge una figura diferente. Su esposa, Abigail, no sólo se ocupaba de la casa. Ella estaba dirigiendo una especie de imperio.

Charles Francis Adams, su nieto, lo dejó claro hace mucho tiempo. Concluyó que Abigail jugó un papel muy importante en la configuración de la carrera de su marido. No fue sólo apoyo emocional. Fue músculo logístico. Mientras John estaba fuera defendiendo la independencia o negociando tratados, Abigail ocupaba el fuerte en la granja familiar. Ella administró la tierra. Ella se encargaba de los asuntos comerciales. Ella mantenía las luces encendidas y los libros en equilibrio cuando él no podía.

Abigail Adams no era sólo una seguidora; ella era la columna vertebral operativa de la vida pública de John Adams.

Pero su influencia fue más allá de la logística. Fue una firme defensora de los derechos de las mujeres. Específicamente, presionó fuertemente por el derecho de las mujeres a la educación. En una época que consideraba en gran medida el intelecto femenino como innecesario o peligroso, ella argumentó lo contrario. Ella creía que las mujeres debían ser inteligentes, informadas y capaces.

También adoptó una postura firme respecto de la esclavitud. Abigail estuvo a favor de la abolición de la institución. No fue una opinión pasiva. Fue una postura moral que mantuvo mientras navegaba por los complejos paisajes sociales y políticos de su tiempo.

Su historia nos obliga a repensar quién realmente construyó los primeros Estados Unidos. No fueron sólo los hombres que firmaron papeles. Fueron las mujeres las que gestionaron las consecuencias. Sin el conocimiento que tenía Abigail de la granja y las finanzas, el ascenso político de John podría haberse estancado. Sin su voz sobre la educación y la abolición, la conversación sobre los derechos habría carecido de una perspectiva crucial.

Recordamos las firmas. Rara vez vemos el libro de contabilidad.